las sombras bailaban en el espacio como dueñas y señoras de todo y giraban alargando y ensanchando sus siluetas;
el viento ponía los sonidos que se filtraban a través de las rendijas de la
ventana.
En medio de la oscuridad, sobre una cama, una figura tendida
respiraba desacompasada y daba a entender que sus ojos abiertos, fijos en una
mancha del techo, miraban sin casi ver.
respiraba desacompasada y daba a entender que sus ojos abiertos, fijos en una
mancha del techo, miraban sin casi ver.
Los ojos profundos del espejo gritaban: “levántate y ven”.
En el ambiente, se podían palpar todavía el olor agridulce
de la sangre reseca y la sensación del miedo. Ya no se respiraba dolor, ni se
sentía la humedad de lágrimas; solo un latir lento y cansado, agonizando en un
mar de amargura, mientras la esperanza, como agua de un río transparente y
frío, se escapa de entre las manos desnudas.
de la sangre reseca y la sensación del miedo. Ya no se respiraba dolor, ni se
sentía la humedad de lágrimas; solo un latir lento y cansado, agonizando en un
mar de amargura, mientras la esperanza, como agua de un río transparente y
frío, se escapa de entre las manos desnudas.
La mancha del techo pareció agrandarse y los ojos que la
miraban y no parpadeaban siguieron fijos en el mismo lugar. Un rayo de luz,
tímido, se asomó por la misma rendija por la que entraba el sonido del viento.
Las sombras se fueron desvaneciendo y la triste figura de la cama se encogió
sobre si misma y se clavó las uñas en las palmas cubiertas de su misma sangre,
sin notar nada. Como si la vida se hubiera escapado de ella, el vacío interior
y el silencio de sus pensamientos eran lo único que parecía vivir.
miraban y no parpadeaban siguieron fijos en el mismo lugar. Un rayo de luz,
tímido, se asomó por la misma rendija por la que entraba el sonido del viento.
Las sombras se fueron desvaneciendo y la triste figura de la cama se encogió
sobre si misma y se clavó las uñas en las palmas cubiertas de su misma sangre,
sin notar nada. Como si la vida se hubiera escapado de ella, el vacío interior
y el silencio de sus pensamientos eran lo único que parecía vivir.
Los ojos profundos del espejo siguieron gritando: levántate,
mujer, y mírate; ven.
mujer, y mírate; ven.
El tiempo se detuvo cerrando su puño con un grito desgarrado
y amargo; una lagrima rabiosa que supuraba dolor, resbaló hasta la herida y
–después- se abrió bajo los pies, como un acantilado profundo de un volcán en
erupción que vomita toda su lava candente quemando las entrañas, el abismo. Y mientras
eso ocurría la mancha del techo siguió creciendo y los ojos seguieron mirando
fijamente. El tic tac del viejo reloj se habían convertido en piedras que caían
en las aguas profundas del pozo negro.
y amargo; una lagrima rabiosa que supuraba dolor, resbaló hasta la herida y
–después- se abrió bajo los pies, como un acantilado profundo de un volcán en
erupción que vomita toda su lava candente quemando las entrañas, el abismo. Y mientras
eso ocurría la mancha del techo siguió creciendo y los ojos seguieron mirando
fijamente. El tic tac del viejo reloj se habían convertido en piedras que caían
en las aguas profundas del pozo negro.
La algarabía pajaril de la mañana se confundió con el ruido ensordecedor que
llegaba a través de la puerta cerrada mientras ésta era aporreada. La violencia
con la que golpeaban los puños mojados de sangre caliente, silenciaron al mismo
silencio.
llegaba a través de la puerta cerrada mientras ésta era aporreada. La violencia
con la que golpeaban los puños mojados de sangre caliente, silenciaron al mismo
silencio.
El terrible estruendo hizo resorte para que, el desencadenamiento
de la rabia contenida en el manantial de la pasión, sonara como una tormenta
seca de truenos y rayos. Cayó en el
hueco que formaba el tiempo y el espacio de un pensamiento que se negaba a ser.
Un segundo nada más en esa espeluznante levedad
de la rabia contenida en el manantial de la pasión, sonara como una tormenta
seca de truenos y rayos. Cayó en el
hueco que formaba el tiempo y el espacio de un pensamiento que se negaba a ser.
Un segundo nada más en esa espeluznante levedad
¡Noooooooooooooooooo…!
Los ojos profundos del espejo sonríen
mientras la mancha del techo desaparece en alas de sensaciones de libertad
mientras, en la ventana, un gorrión bebe el rocío mañanero del geranio que
sonríe ante la caricia de los primeros rayos de sol.
mientras la mancha del techo desaparece en alas de sensaciones de libertad
mientras, en la ventana, un gorrión bebe el rocío mañanero del geranio que
sonríe ante la caricia de los primeros rayos de sol.






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