C a d e n a s
Se oyen en la noche silenciosa las viejas cadenas del
amanecer, arrastrando pesadamente sus pies con la monotonía de la comitiva
imparable de la melancolía, la soledad, la locura y la sensatez. Realidades de
tiempos presentes que quieren y sienten, que no son y quisieran ser,
que viven y mueren en un mismo
atardecer, como minutos que empiezan y terminan sin saber por qué. Prisas en
pasos que avanzan pisando los pequeños charcos, como una letanía de huellas
anodinas sobre un mojado asfalto, deseos de ojos llorosos que no ven porque no
tienen luz que ver. Espejo traicionero que refleja en las miradas esos deseos
de querer, laguna, que en medio retiene las viejas lunas, riendo atrevida
y dura, opaca, para quien osa mirarse en sus aguas cansadas. Se oyen en la
noche silenciosa los suspiros de las horas muertas, de las hojas secas y los
otoños grises de los caminos tristes, las almas que arañan en los sueños de los
duendes y las hadas que no duermen porque velan el tiempo presente. Apostados
en los caminos de los lastimados y perdidos, que bailan la vieja danza entre el
viento que canta
y la vida que pasa...Monótona,
imparable, silenciosa, encadenada a esa realidad de soledad, melancolía, locura
y verdad...se
oye... la libertad.
Ángeles Vadillo






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